En acción, la huella social de Bankia

Combatir el estigma social de los sin techo y enfermos mentales

Publicado el 25 de Enero de 2018 por Bankia.

Ramón sabe lo que es sobrevivir. Literalmente. Tras vivir durante un tiempo en la calle, pasó por un centro de día de Cruz Roja Española y de forma intermitente estuvo ingresado en un hospital de la Comunidad de Madrid.

La enfermedad mental grave que padecía, unida a la situación de calle, la falta de recursos y de vínculos familiares, y al alto consumo de sustancias tóxicas estuvieron a punto de costarle la vida.

Después de años de luchas internas y externas, Ramón recupera la sonrisa y retoma poco a poco las riendas de su vida gracias a Candelita, una ONG que desarrolla programas, proyectos y servicios para incrementar la igualdad, la inclusión y la calidad de vida de aquellas personas en riesgo de exclusión social a través de estrategias individuales, grupales y comunitarias.

Trabajo de acompañamiento y tutela

Ramón hoy vive en un piso compartido, toma regularmente su medicación, la mirada le brilla al hablar de su pareja y pasito a pasito toma el control de su vida gracias al apoyo que recibe desde el Área de salud mental y tutela de Candelita.

Este servicio garantiza la protección personal, el ejercicio de los derechos fundamentales y la cobertura de necesidades básicas de las personas con capacidad de obrar limitada, cuyo cargo de tutor ejerce principalmente la Agencia Madrileña para la Tutela del Adulto (AMTA).

Los trabajos que se realizan desde la AMTA, en colaboración con Candelita, tienen como filosofía el apoyo y la mejora de la autonomía de la persona y no de la sustitución de la toma de decisiones. “Nuestro objetivo principal es la máxima normalización de la persona”, explica Gemma de la Hoz Ortego, responsable del programa de salud mental y tutela de Candelita.

El programa de atención a personas con enfermedad mental grave y duradera está apoyado desde 2014 por Bankia. Desde la entidad bancaria se impulsan iniciativas de entidades sin ánimo de lucro que tienen como objetivo la atención y el desarrollo de las personas más vulnerables de la sociedad apoyando proyectos que fomenten el empleo y la autonomía personal.

Ramón junto a Ana Gómez, trabajadora social de Candelita

Apoyos casi familiares

En el camino por encontrar la autonomía y recuperar la independencia, Ramón y los 191 usuarios atendidos por Candelita desde 2014, encuentran su mano derecha en el equipo de profesionales de la ONG quienes, desde la escucha, el acompañamiento y el trabajo individualizado, buscan que estas personas rehagan su vida.

Orgullo es la palabra que resume la sensación que las trabajadoras sociales sienten por su trabajo. “Hay casos en que la evolución es muy positiva porque consiguen rehacer sus proyectos vitales, llegan a una vivienda, tienen pareja, dejan el alcohol y las sustancias tóxicas… y aunque hay otros casos que no evolucionan tan positivamente, yo me siento orgullosa porque les ves luchar en su día a día”, señala Vanesa Cordón Jiménez, coordinadora del programa.

El estigma social al que se enfrenta este colectivo es muy grande. Trabajar por visibilizarlos y sobre todo por no hacerles culpables de la situación que viven es clave para su normalización. “La situación de sin hogar va más allá de la pobreza económica, va en esa pérdida de vínculos, de tu propia identidad y aunque las personas tienen responsabilidades de sus situaciones, no podemos culpabilizarlos”, aclara De la Hoz.

De la misma opinión es Javier Martín, voluntario de Candelita. Formado en nuevas tecnologías, aprovechó un periodo de desempleo para involucrarse en la ONG. Aunque ahora ya tiene trabajo, busca un espacio semanal para encontrarse con los usuarios y compartir actividades con ellos como talleres de escritura creativa, excursiones al campo o el visionado de un partido de baloncesto.

“Me ha ayudado a ocupar un vacío personal que tenía y realizo una labor con la que me identifico”, explica Martín, quien afirma: “La mejor forma de combatir el estigma social es involucrándose”.

Aceptar, acoger e involucrarse es la mejor forma de visibilizar a los invisibles. Porque, como explica Vanesa Cordón, todos nos rompemos alguna vez y contar con una red de apoyo que te ayude a salir del pozo es fundamental para convivir en sociedad.

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