En acción, la huella social de Bankia

Convierte el ‘Black Friday’ en el día de consumo responsable

  • Compartir

El ‘Viernes Negro’ y el ‘Ciberlunes’ pueden ser también una buena oportunidad para apostar por un modelo de consumo más sostenible

Bankia en·accion Publicado el 27 de Noviembre de 2019

El último viernes de noviembre se celebra el Black Friday, una jornada de compras masivas, antesala de las fiestas navideñas y las rebajas. De manera paralela, tiene lugar el ‘Día sin compras’ (Buy Nothing Day o ‘Día de No Comprar Nada’), un movimiento reivindicativo de concienciación sobre los efectos negativos de un consumo compulsivo.

Sin embargo, aprovechar las ofertas y los descuentos con cabeza y buen criterio puede suponer, además de un beneficio para nuestras finanzas, un buen punto de partida para promover otros modelos de negocio y sensibilizar a los ciudadanos sobre la necesidad de apostar por un consumo más sostenible, responsable y ético.

El foco en el ciudadano consciente

Es importante que los consumidores, parte fundamental del sistema económico, se cuestionen hasta qué punto necesitan todo aquello que compran. Como elementos de este engranaje, sus decisiones y la forma de consumir repercuten en las compañías y en sus estrategias corporativas. Por ello, el siguiente paso es conseguir que también calen en sus principios.

En este punto, el protagonismo ciudadano en materia de consumo responsable -una conducta que incluye componentes éticos, sociales o ambientales al comprar y consumir- debería contar con el apoyo de empresas y gobiernos a la hora de promover otros patrones de consumo, esto es, estándares que tengan en cuentan el impacto socioambiental en las preferencias y los criterios de compra.

El ‘Informe Forética 2018’, que cuenta con el apoyo de Bankia, aborda el papel del ciudadano/consumidor como “agente determinante en la consolidación de la sostenibilidad como elemento intrínseco al modo de vida y, por tanto, de desarrollo económico y social, actual y futuro”.

Para la entidad, organización de referencia en el ámbito de la sostenibilidad y la responsabilidad social empresarial, “el consumidor consciente es un consumidor informado, que presta una atención, cada vez mayor, a atributos no estrictamente competitivos -precio o calidad- y para el que la puesta en valor de la RSE, por parte de las empresas, puede ser un factor crítico de atractivo y fidelización de la marca”.

“El ciudadano tiene la información, dispone de opciones accesibles para modificar sus comportamientos, sabe distinguir y valora las empresas que hacen bien y mal las cosas y solo le falta ser capaz de poner todo esto en su foco de atención, de modo que se haga plenamente consciente y se normalice una nueva manera de vivir y consumir, respetuosa con el entorno y que maximice el bienestar de todos”, detalla Forética.

Hacia un consumo responsable

El cambio de patrón, argumentan los defensores de este modelo alternativo y responsable, debería asentarse en pilares como la sostenibilidad socioambiental, la solidaridad y el fomento de las relaciones humanas, junto a un mejor reparto de la riqueza y un consumo crítico y transformador, en el que el consumidor se pregunte, antes de actuar, hasta qué punto necesita aquellos bienes y servicios que desea adquirir.

El consumidor tiene que ser consciente de que a la hora de elegir cuenta con numerosas opciones, algo que no siempre facilita sus decisiones. De ahí que sea su responsabilidad informarse sobre la oferta existente, sobre aquello que compra, sus valores y el impacto que provoca.

Cada vez más, los ciudadanos se preguntan por todo aquello que hay detrás de un producto o servicio. Entre estos interrogantes figuran, por ejemplo, el comportamiento de las empresas con sus trabajadores, la ética de su actividad o la huella medioambiental de su producción.

¿Cómo convertirnos en consumidores socialmente responsables?

A grandes rasgos, la respuesta más sencilla pasa por incorporar una serie de principios o hábitos éticos, sociales o ecológicos -entre otros- a las decisiones de compra, y no solo considerar como factores de elección el precio (que sea bueno, bonito y barato) a pagar o la calidad.

Así, asumiendo motivaciones sociales y medioambientales, los consumidores podrán optar por compras que primen los productos responsables, esto es, que hayan sido fabricados, suministrados y comercializados por compañías socialmente responsables (comercio justo, ecológicos, de cercanía o proximidad, etc.); y que, además, eviten promover la discriminación, la desigualdad y la pobreza, la contaminación…

Estas son algunas de las acciones a tener en cuenta para llevar a cabo un consumo responsable:

  • En primer lugar, reducir el consumo, optando por aquello que es necesario y descartando lo superfluo y accesorio. El impulso puede ser el peor aliado. Prácticas como el intercambio o el trueque, la reutilización y las reparaciones pueden ayudar a conseguir esta meta.
  • Priorizar los productos de comercio justo, de km 0 o proximidad, las referencias ecológicas, reciclables, de segunda mano, etc. Igualmente, dar mayor protagonismo a los productos naturales, que contienen menos sustancias tóxicas que los procesados.
  • Apostar por empresas ecoeficientes y marcas responsables y sostenibles, cuya oferta esté conformada por productos y servicios respetuosos con las personas y el medioambiente.
  • Recompensar a determinadas marcas y productos en las decisiones de compra y ‘castigar’ o evitar otras, optando por no adquirirlas.
  • Potenciar una vida ecofriendly, utilizando la menor cantidad de plásticos y envoltorios posible; disminuyendo la cantidad de residuos, ahorrando energía… en definitiva, llevando a cabo actos que, además de asegurar el consumo, tengan el menor impacto posible en nuestro entorno.

Por todo ello, está en la mano de los consumidores apostar por un modelo más moderado y crítico, en el que adquieran menos productos y servicios, pero con más valor y una mayor calidad.

TAGS: CONSUMO RESPONSABLE MEDIOAMBIENTE SOSTENIBILIDAD