En acción, la huella social de Bankia

Adam, Ismail y Vladimir o cómo formar parte de una escuela de convivencia

Publicado el 30 de Enero de 2019 por Bankia.

En el Día Mundial de la No Violencia, ponemos en valor el centro Padre Piquer que cuenta con el apoyo de Bankia

 

Bankia apoya el Centro de Formación Padre Piquer en Madrid en el marco del proyecto llevado a cabo en las aulas cooperativas. A través de este espacio se trabaja la diversidad del alumnado eliminando las barreras físicas, convirtiendo las aulas tradicionales en nuevos espacios educativos que acogen alrededor de 60 alumnos y donde tres o cuatro profesores trabajan en paralelo.

En el Día Mundial de la No Violencia, ponemos en valor el trabajo llevado a cabo por el centro en su trabajo por la integración y la igualdad de sus alumnos

 

Ignacio Narváez, jesuita y profesor del Centro de Formación Padre Piquer

La escena se repite de lunes a viernes. Sobre las ocho y cuarto de la mañana una marea de chicos y chicas llegan al colegio. Algunos están todavía dormidos. Otros no tanto. En los pasillos, antes de la primera hora de clase, hay un jaleo de conversaciones, saludos, risas… hablan de cómo fue el fin de semana o del resultado del partido del sábado. Lo normal en cada colegio e instituto.

La siguiente escena también se repite todos los días: 1º de ESO. La profesora, Ipad en mano, revisa que cada miembro del grupo de trabajo haya hecho la tarea correspondiente. Son cinco. La mayoría ha traído todo -o casi todo-  más o menos como pretendía la docente. Lo normal en cada colegio o instituto.

Pero si nos fijamos en las caras de los alumnos, algo cambia. También podríamos preguntar los nombres: Adam, Ismail, Fátima, Vladimir, Lucía, Israel. Ya no es todo tan “normal”: más de 38 nacionalidades, los cinco continentes representados. Todo en 500 metros cuadrados.

Convivencia de culturas

En Piquer encontramos lenguas y religiones diversas. Incluso planteamientos vitales radicalmente distintos. Pero para los alumnos todo eso les da igual. Los datos les recuerdan a las estadísticas del colegio o a los artículos de prensa. Para los alumnos y alumnas de Piquer la integración y la igualdad es algo natural. No se aprende, no se estudia, no se analiza. La multiculturalidad aparece como parte del paisaje del barrio y del Colegio. El amigo musulmán, la compañera de Perú. El recién llegado filipino. La chica de Iraq de mi clase. Todo es común. Normal.

De esa manera, los alumnos aprenden unos valores que acaban llegando a las familias. Para ellos el color de la piel o el acento es lo de menos. Es algo casi anecdótico. Todos se agobian con los exámenes. No les gustan las tareas para casa. Animan a un equipo u otro. Se enamoran. Ahí, en la vida corriente, todos son iguales. No hay diferencias.

Pero esta situación no es algo espontáneo o fruto de la suerte. Detrás del buen ambiente de convivencia de Padre Piquer hay mucho trabajo y muchas horas de dedicación de profesores, tutores, orientadores y personal de administración y servicios. Todos en trabajan duro para hacer de Piquer algo más que un colegio: una escuela de convivencia.

Experiencia de aprendizaje

Hace 50 años la obra social de la Caja de Ahorros de Madrid confió la dirección de Padre Piquer a la Compañía de Jesús. Hoy, la Fundación Montemadrid es la titular del centro educativo. Como entidad sin ánimo de lucro trabaja para mejorar la vida de los ciudadanos a través de proyectos sociales, educativos, culturales y de medio ambiente, entre ellos el proyecto de Padre Piquer. Montemadrid ha mantenido su alianza con la Compañía de Jesús.

Actualmente el modelo educativo de los jesuitas es la base del trabajo a favor del respeto y la coexistencia de diversas culturas y naciones dentro del centro. Para ello, Padre Piquer desarrolla los cinco pasos del “paradigma pedagógico ignaciano”, un marco de actuación para toda la comunidad.

En primer lugar, el colegio toma en cuenta el contexto y la situación personal de cada alumno y alumna. El origen geográfico, el nivel de conocimiento del castellano o la situación familiar -no siempre fácil- hacen que cada alumno genere retos y metas muy diversas.

Además, la educación de los jesuitas promueve actividades de enseñanza y formación, con variedad metodológica, que se transformen en experiencia de aprendizaje cognoscitiva, psicomotriz, afectiva o imaginativa. Ahí está la raíz de la innovación de Padre Piquer: actualizar y adecuar los procesos educativos a la época y al contexto de cada alumno.

La educación que promueve la Compañía de Jesús suscita una implicación reflexiva del alumno de modo que pueda considerar la importancia y el significado humano de lo que está estudiando.

Impulsa los cambios profundos en los alumnos para que lleven a cabo opciones interiores y acciones exteriores, y puedan ser competentes en situaciones nuevas. Y además, realiza una evaluación integral de todos los aspectos implicados en el proceso de aprendizaje.

Decía Pedro Arrupe, superior general de la Compañía de Jesús, que los colegios de los jesuitas no debían formar los mejores del mundo, sino los mejores para el mundo. Precisamente eso es lo que se intenta en Piquer: formar a las mejores personas para un mundo plural, multicultural y lleno de desafíos.

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TAGS: EDUCACION, JóVENES, SOLIDARIDAD