En acción, la huella social de Bankia

“La falta de agua potable es la pobreza más grande que existe”

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Entrevistamos al CEO de Auara, Antonio Espinosa, sobre cómo la carencia y mala calidad de este recurso afecta a más de 700 millones de personas

Bankia en·accion Publicado el 8 de Noviembre de 2019

Llevar agua potable a más de 200.000 personas en los próximos cinco años. Ese es el objetivo de la empresa social Auara, que irrumpió en el mercado del agua embotellada para, además de ofrecer un servicio, apoyar a las comunidades más vulnerables financiando proyectos de acceso a este recurso limitado.

Después de trabajar en algunos de los lugares más pobres del mundo, los fundadores de Auara llegaron a una conclusión: la falta de agua potable es la pobreza más grande que existe.

Dicho y hecho. Crearon la compañía para concienciar sobre la importancia del líquido elemento y desarrollar proyectos para llevar agua apta para el consumo humano a las comunidades más necesitadas del mundo. Por cada litro de Auara se generan cuatro litros de agua potable en países en vías de desarrollo. Y es que la falta de agua potable afecta a más de 700 millones de personas en el planeta.

El director ejecutivo de la empresa, Antonio Espinosa, nos cuenta más detalles para conocer de cerca su forma de trabajo en las comunidades locales.

Vuestro objetivo es llevar agua potable a más de 200.000 personas en el próximo lustro. ¿Cómo transforma el agua la vida de las comunidades en las que impactáis?

De manera radical. La falta de agua potable es la mayor pobreza material que existe. Desarrollamos nuestra actividad en lugares en los que el consumo de agua contaminada es el causante de hasta el 80% de enfermedades y es la primera causa de mortalidad infantil. Además, en muchas de las colectividades para las que trabajamos, mujeres y niños tienen que desplazarse varios kilómetros cada día para buscar agua, lo que les impide poder tener un trabajo o ir al colegio. Por estos y otros motivos, cuando se asegura el agua potable de manera accesible en una comunidad, el impacto es enorme.

¿Qué tipo de proyectos son los que desarrolláis en terreno?

Proyectos técnicamente muy sencillos que se adaptan a las necesidades y a las condiciones de cada lugar. Suelen ser pozos con bomba manual o eléctrica, sistemas de captación de agua de lluvia, tanques de almacenamiento, canalizaciones, etc. Buscamos iniciativas que se ejecuten desde las comunidades locales, con un mantenimiento lo más fácil posible, y los complementamos con formación y con la introducción de comités de gestión locales que aseguran el correcto funcionamiento de los proyectos. Además, hacemos seguimiento de nuestros desarrollos a cinco años para garantizar el impacto en el largo plazo.

El agua impacta de lleno en todas las esferas de la vida. ¿Qué huella tiene el acceso al agua en la educación?

Llevamos a cabo muchas iniciativas en colegios, ya que es muy interesante que funcionen como centros comunitarios. En muchas ocasiones son los niños los que tienen que buscar agua a diario para sus familias, y esto impide que vayan a los centros educativos. Por eso, cuando el agua está en las aulas, la incidencia en la asistencia a clase es muy positiva.

La movilización de los jóvenes en materia climática está siendo histórica. Participáis en el congreso de LQDVI (Lo Que De Verdad Importa) donde los jóvenes son los principales receptores. ¿Qué poder tiene este colectivo para cambiar las cosas?

La juventud tiene un poder de comunicación gigante. Son los más activos en generación de contenido en redes sociales, pero también en el boca a boca y en el día a día. Son los mejores prescriptores en las familias y, sobre todo, son los que van a vivir en este mundo en los próximos años, por lo que es fundamental que seamos los promotores de las iniciativas que tienen que mejorarlo.

Desde la promoción de la economía circular… ¿Qué tres recomendaciones darías para poder llevar a cabo un consumo más ético, más justo y más sostenible?

Lo primero es dejar de pensar que la responsabilidad es de otros (gobiernos, grandes corporaciones, etc.). La responsabilidad es de cada uno de nosotros. Y la realidad es que, aunque hablamos mucho de sostenibilidad, seguimos siendo uno de los países europeos en los que peor se separa la basura en casa. Si no empezamos por lo que tenemos tan fácil, no podemos pedir responsabilidades a otros.

Lo segundo es ser consumidores informados. A la hora de consumir hay muchas opciones y no es fácil saber elegir, también porque muchas empresas siguen haciendo greenwashing (lavado de imagen verde, un término que define las malas prácticas corporativas para aumentar sus ventas y beneficios mediante marketing verde sin llevar a cabo una auténtica gestión sostenible). Pero es también nuestra responsabilidad el informarnos sobre lo que compramos, qué valores tiene y qué impacto produce en el entorno. Cada consumo es un voto por el mundo que queremos.

Y, por último, hay que bajar el ritmo. No podemos seguir viviendo con la mentalidad de pagar lo menos posible por las cosas que consumimos y seguir consumiendo cada vez más. La economía Fast es lo menos sostenible que existe. Tenemos que ir a un modelo de consumo en el que compremos menos productos, pero con más valor y mayor calidad. La economía no se puede basar en vender más cada año y apretar cada vez más a los proveedores. No necesitamos adquirir tanta ropa ni tantos coches ni tantos móviles ni tanta comida.

TAGS: MEDIOAMBIENTE ODS SOSTENIBILIDAD