En acción, la huella social de Bankia

Morirse en paz con el medioambiente

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Incluso después de morir, los seres humanos seguimos contaminando. Con independencia del método funerario elegido, nuestros cuerpos dejan una gran huella que puede llegar a ser muy perjudicial y nociva para el medioambiente

Bankia en·accion Publicado el 30 de Octubre de 2019

En 2018 fallecieron 423.636 personas en España, según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). Antes de abandonar este mundo, seguramente que unos pidieran ser enterrados y otros, incinerados. Fuera cual fuera la forma elegida de despedirse, el caso es que, en ambos supuestos, dijeron adiós contaminando. 

 

Los entierros tienen un alto impacto ecológico: los féretros suelen fabricarse con materiales derivados de la deforestación, el barniz que los recubre es tóxico, contienen fibras textiles y metales y el hueco que ocuparán en la tierra deja de ser fértil.  

 

A ello se suma el efecto pernicioso para la tierra de los elementos químicos que se emplean al embalsamar el cuerpo y todos los que libera el propio cadáver en el caso de que haya sido sometido a tratamientos con medicamentos o quimioterapia; o en el supuesto de que la persona haya fallecido por sobredosis de drogas, por ejemplo.  

 

Las cremaciones, por su parte, requieren de un fuerte gasto de energía, pues en este método se utilizan temperaturas superiores a los 800 grados centígrados. En el proceso, además, se liberan dioxinas, óxido de carbono y otros contaminantes. 

El estudio ‘Análisis medioambiental comparativo del rito de la cremación y la inhumación en Francia’ pone de manifiesto que el entierro tradicional, en tumba o nicho y con un ataúd de madera, es la opción más contaminante, especialmente si encima de la tumba hay esculturas de hormigón, que suelen fabricarse con piedra calcárea y arcilla cocida a más de 1.450 grados centígrados. 

 

Si hablamos en términos de consumo energético de energías no renovables, podríamos decir que una inhumación equivale a 2,9 cremaciones. 

 

Si bien es cierto que la cremación contamina menos que el entierro, esta opción libera gases efecto invernadero. El informe señala que en una cremación se utilizan cerca de 42 metros cúbicos de gas, que representan el 56% de las emisiones del proceso. El horno crematorio, por su parte, representa un 24% de las emisiones y el ataúd un 12%. 

Por eso, el análisis concluye que la alternativa más respetuosa con el medioambiente es la inhumación directa en la tierra, una opción prohibida en España.  

Entonces, ¿cuál es la solución? 

Dejar este mundo de manera sostenible 

En los últimos años se está tomando conciencia de la importancia de tener un funeral sostenible y muchas empresas se han lanzado a desarrollar técnicas que permitan el descanso eterno sin contribuir a dañar más el medioambiente.

La compañía RestGreen es una de ellas. Ha creado un ataúd ecológico, fabricado a base de fibras celulosas recicladas, plegable y biodegradable. No usa ceras, barnices ni herrajes y solo utiliza pintura al agua y pegamentos naturales con base de almidón, sin tornillos o fijaciones. Puede ser utilizado tanto en entierros como en cremaciones.

Funeco (Funerarias Ecológicas de España) apuesta por volver a la tierra y enterrar al difunto -una vez esterilizado el cuerpo- en un ataúd de madera reciclada para después colocarlo en vertical debajo de un árbol. Su propuesta implica abandonar el actual modelo de cementerios de piedra y hormigón y sustituirlo por parques.

En algunos puntos de Estados Unidos y de Canadá se está empleando cada vez más la incineración ecológica, que consiste en la inmersión del cadáver en hidróxido de potasio y agua a más de 160 grados centígrados durante algo más de tres horas y esperar a que el cuerpo se disuelva. Tan solo quedarán el esqueleto y los implantes, en el caso de que el difunto los tuviera, que se quemarán sobre una bandeja de metal y se convertirán en cenizas. Al igual que en una incineración al uso, los familiares del fallecido podrán conservar los restos en una urna.

Sin salir de EE.UU. tenemos que hablar del caso de Washington, que se ha convertido en el primer estado que legaliza la posibilidad de transformar los cadáveres en compost. De ello se encargarán empresas como Recompose, que reducen el cuerpo de una manera orgánica natural y lo mezclan con astillas de madera y paja hasta convertirlo en abono.

También existe la posibilidad de, una vez incinerado el cuerpo, guardar las cenizas en urnas de sal que se disuelven en el mar en unos cinco minutos o en urnas de hueso de aceituna, que servirán de alimento a los árboles que se planten sobre el área en la que hayan sido enterradas.

Son muchas las maneras de iniciar el descanso eterno de manera sostenible. Tan solo hay que elegir la que más se ajuste a nuestras necesidades y nos haga sentir que abandonamos este mundo cuidando de él.

TAGS: ECOLOGíA MEDIOAMBIENTE SOSTENIBILIDAD