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Violencia psicológica: “el primer paso para salir es denunciar”

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No es fácil dejar tu vida atrás a los 46 años, cuando se supone que todo debería ir encaminado a disfrutar de tu estabilidad y a ver crecer a tus cuatro hijos, a esos a los que tanto te ha costado sacar adelante

Bankia en·accion Publicado el 18 de Noviembre de 2019

Celea Rebeca, la protagonista de esta historia, no dudó en labrarse un nuevo camino ante la complicada situación que envolvía su vida en aquel momento, lejos de su Honduras natal y más lejos aún de sus hijos.

Ella era peluquera en su país y regentaba incluso su propio negocio, pero la inseguridad a la que estaba sometida le hizo cargar su mochila de valor y aventurarse hacia un nuevo lugar con el único fin de ofrecer a su familia una vida mejor.

Se trasladó a España hace ahora dos años, siendo Segovia su primer lugar de residencia. Trabajó como interna dedicándose al cuidado de personas mayores, sin apenas vida propia. Viéndose sometida a continuas humillaciones y recibiendo un sueldo precario por su labor, Celea comenzó a buscar un cambio ante la frustración de la situación de quién espera y considera que se merece algo mejor. Fue entonces cuando conoció a un hombre a través de las redes sociales, que la convence durante meses para trasladarse con él a Valladolid. Él le ofrecía casa y trabajo. Ella cuidaría de su madre.

Pero, al llegar allí, se encontró con una situación tan desesperanzadora como real. Esa persona que le había prometido un día a día mejor, no buscaba más que aprovecharse de su condición utilizándola como una esclava laboral e incluso sexual. Celea sufría a diario el chantaje emocional de su pareja, y lo que temía que tarde o temprano pasara, acabó sucediendo. Una agresión física le empujó finalmente a denunciar y acabar con la pesadilla que estaba viviendo.

Tras la sentencia, se reconoció la agresión por parte de su expareja y se le otorgó una orden de protección. La misma policía fue quien buscó la asociación más adecuada para que se repusiera tras esta vivencia.

CIAM (Centro Integral de Ayuda a la Mujer) es la asociación responsable de que ahora Celea disfrute de una vida más estable y feliz. Allí la ayudaron ofreciéndole una atención totalmente integral. Los profesionales le proporcionaron el apoyo psicológico que precisaba, asistencia en la búsqueda de una nueva vivienda y orientación laboral, así como ayuda para a afrontar el proceso judicial que en ese momento estaba viviendo.

“Pude superar todos esos malos tratos que viví y ahora mi meta es traer a mis hijos para poder ofrecerles una vida mejor”, afirma Celea cuando le preguntamos qué es lo que le pide ahora a la vida. A la vez, lanza un mensaje de esperanza para todas aquellas mujeres que se encuentran en una situación similar a la que ella vivió, animándolas a denunciar y a abandonar el miedo que las envuelve, empujándolas a no permitir el abuso, porque como ella misma afirma: “Tenemos oportunidad para una nueva vida”.

TAGS: ACCIóN SOCIAL MUJERES VIOLENCIA DE GéNERO